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El lenguaje oral forma parte de
un complejo sistema comunicativo que se desarrolla entre los
humanos. Como seres sociales que somos, tenemos la necesidad de
expresarnos. Es un medio de contacto social, una herramienta de
aprendizaje, un medio para comunicar sentimientos y necesidades,
una forma de transmitir la cultura de generación en generación,
que sólo se adquiere en la interacción con los otros.
El lenguaje humano es el
resultado de un proceso de aprendizaje, pero también es
generador de nuevos aprendizajes. De aquí la importancia de que
se desarrolle de forma adecuada. Se define como un conjunto de
representaciones simbólicas que se pueden expresar y que nos
permiten acceder y transmitir información.
La importancia del lenguaje
está estrechamente ligada a la capacidad de simbolización. Es
decir, nos permite hacer una representación mental de
situaciones, experiencias, personas, objetos que no están
presentes. Son símbolos que nos permiten pensar en algo o
alguien en ausencia de los mismos. Llegamos a la palabra,
compuesta por signos convencionales de nuestra cultura, a partir
de las experiencias de nuestros sentidos.
Llamamos desarrollo del
lenguaje al proceso por el cual los seres humanos adquieren la
capacidad de comunicarse verbalmente. Para que tenga lugar este
desarrollo son necesarias una serie de condiciones:
• la ausencia de lesión en los
órganos implicados (audición y fonación),
• maduración y funcionamiento
adecuado del sistema nervioso,
• capacidad intelectual, y
• deseo de comunicar con el
entorno.
Es decir, las manifestaciones
lingüísticas son posibles gracias, además de una maduración
biológica, a un complejo sistema funcional representado en
diferentes estructuras cerebrales. Estas son responsables de
actividades psicológicas complejas, tales como la atención,
percepción, memoria, pensamiento… Además, ambos componentes, el
biológico y el psíquico han de darse en un contexto interactivo,
cuyo motor principal es la actividad del niño y su deseo de
comunicar.
El recién nacido ya siente la
necesidad de expresar sus sensaciones físicas, y el llanto y el
grito son las formas que tiene de hacérnoslo entender. Son las
primeras manifestaciones de sus deseos y sensaciones. Después
aparece la sonrisa, que es un mensaje que el niño transmite a la
madre. Comienza el balbuceo en el que repite sonidos por el mero
placer de ejercitar su voz. Después poco a poco selecciona y
rechaza aquellos estímulos auditivos que no recibe de su entorno
porque no forman parte de su idioma.
Estas verbalizaciones son de
vital importancia para crear un desarrollo posterior. La
evolución del lenguaje va unida al desarrollo de los demás
aspectos que conforman la personalidad del niño. Emerge y
evoluciona de forma integral. Dicho de otra forma, a la
adquisición y desarrollo del lenguaje, subyacen una serie de
procesos que se interrelacionan. A medida que avanza el
desarrollo global del niño y, al tiempo que el desarrollo
lingüístico va haciéndose más complejo, estos procesos se van
también perfeccionando y haciéndose más especializados. Así,
paralelamente a la evolución del lenguaje, se desarrollan las
funciones cognitivas, los procesos sociales y la maduración
física y emocional.
Por lo tanto, ante las posibles
dificultades del lenguaje, es preciso recurrir a una
intervención temprana con la finalidad de que éstas no
repercutan en dicho progreso y en los aprendizajes. La evolución
adecuada del niño en los primeros años es fundamental para
evitar que surjan deficiencias. Pero, cuando por distintas
causas, el desarrollo sufre un retraso o alteración, es de suma
importancia identificar las dificultades para reeducarlas,
evitando así que puedan perjudicar en mayor medida la restante
maduración del desarrollo infantil.
La estimulación proveniente del
entorno resulta ser un componente clave, tanto para potenciar el
desarrollo del lenguaje, previniendo posibles dificultades, como
para compensar los déficits cuando éstos se encuentran ya
instaurados. El contexto familiar resulta ser el ámbito natural
de desarrollo de la comunicación. En él, el niño debe encontrar
los elementos enriquecedores para su desarrollo lingüístico.
Después se incorpora la escuela y se convierte en el otro ámbito
responsable de impulsar y enriquecer el lenguaje y la
comunicación.
La gran mayoría de los niños
adquieren el lenguaje sin dificultad. Sin embargo un porcentaje
significativo de la población infantil, alrededor del quince por
ciento (según registros de la Organización Mundial de la Salud)
muestra en su desarrollo un trastorno del lenguaje que
compromete a la comprensión, expresión, lectura y/o escritura.
Si un niño a partir de dos años
y medio, aproximadamente, no habla o dispone de muy pocas
palabras, no puede entender de forma clara lo que los demás
expresan o no puede expresarse con claridad, es probable que
tenga dificultades en el proceso de organización funcional de su
lenguaje.
Existen programas de
intervención temprana del lenguaje. Están orientados a
proporcionar principalmente elementos preventivos. Su objetivo
final es detectar cualquier déficit o trastorno del lenguaje,
que puede ser resuelto, o minimizado en las primeras etapas de
desarrollo. Los retrasos, los déficits, los trastornos, no
desaparecen solos. El tiempo no cura nada. Todo lo contrario. En
la salud como en la educación, más vale prevenir que curar.
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