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Educar es orientar a un niño a descubrir lo mejor de sí mismo, a
potenciar sus aptitudes y estimularlo para que piense y actúe
libremente. Todo ello en beneficio propio y de los demás. La
educación no es hacer sino despertar personas.
Educar no es darle datos e
información. Es algo más que transmitir unos conocimientos. Se
trata de ofrecer al niño maneras de pensar y abordar su
realidad, que le ayuden al desarrollo de su personalidad. La
realización de un ser humano depende de su capacidad para
comprender el mundo que le rodea. Introducirlo en la realidad
con amor y conocimiento es la base para construir una
trayectoria personal adecuada.
Nuestro principal objetivo es llevar
al niño a crecer en los valores de justicia, verdad, bondad,
cooperación, generosidad… como fundamentos para que pueda llegar
a su plenitud como persona, en el sentido más amplio de la
palabra. Darle los medios para abrirse al mundo y encauzarlo
hacia el pleno desarrollo de sus posibilidades. La Educación,
como proceso humanizador, debe sentar las bases para el
ejercicio de la autonomía y la práctica de la libertad:
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Educar para ser, no para saber.
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Para crear, no para destruir.
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Educar para el autocontrol, la autorregulación. Pero no para el
miedo y el castigo
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Con espíritu crítico y autónomos. No sumisos y dependientes.
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Para ser felices. No para la competencia desmesurada.
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Educar en la igualdad, en el esfuerzo, en la ambición sana, en
la tolerancia...
Junto y ligado al concepto de
Educación, encontramos el concepto de Autoestima. Durante los
primeros años de vida, el niño va configurando su autoestima
únicamente del reflejo que conforman quienes lo rodean. El
concepto que tenga de sí mismo, de su valía, será la
confianza que le permitirá enfrentarse a los retos de su
evolución personal. Sólo si se considera capaz saldrá victorioso
de sus retos diarios
El primer paso en su educación será proporcionarles las
herramientas necesarias para que vayan construyendo una imagen
positiva y capaz de sí mismos. Antes de enseñarles debemos
convencerles que son capaces de hacerlo. Enseñar a un niño a
quererse es protegerle de muchos de los peligros que va a
encontrarse en su vida. Una imagen positiva:
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desarrolla la autonomía,
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posibilita la relación social,
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facilita el esfuerzo por aprender,
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ayuda a superar obstáculos,
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da sustrato a la responsabilidad,
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en definitiva, afianza el desarrollo de la personalidad.
Es importante que veamos a nuestros hijos como realmente son y
no como quisiéramos que fueran. Descubrir y reconocer sus
capacidades, comprender su forma de actuar (el de su mundo),
ayudarle a que sea auténtico y sincero, a que no se oculte por
miedo a ser rechazado.
La mejor autoestima es la construida. La que se basa en los
logros reales que cada uno consigue con su esfuerzo. Cuando un
niño consigue los resultados esperados con su esfuerzo, se
encuentra contento y feliz.
Para un niño pequeño, los padres son todo su mundo. De ellos
esperan el afecto, la seguridad, protección, confianza…Aprenden
imitando las conductas de los padres. Después se incorporarán
la escuela, los amigos, los ídolos mediáticos… Debemos ejercer
lo mejor que podamos como modelos. Un niño que es tratado con
respeto, justicia, tolerancia, aprobación y afecto, aprende a
quererse y a querer y respetar a los demás, a ser justo y
tolerante.
La Educación es un proceso largo,
difícil y complicado en el que se presentarán infinidad de
situaciones por resolver. Como casi todo en esta vida, es
cuestión de encontrar el punto de equilibrio, la justa medida.
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